El terror de los pantalones



No quiero fomentar la anorexia, pero que feliz sería si mis muslos no se tocaran. Ayer, mientras conversaba con mis compañeros en el trabajo, me senté y se rajaron mis pantalones, pero solo un poco. Me lo esperaba, los pantalones siempre se me rompen en la misma parte. Y estos pantalones se habían gastado ya, aunque solo los tengo desde diciembre.
Lo que pasa es que ahora ando dos horas en bicicleta al día. Y, aparentemente, nadie me lo advirtió, el algodón y el roce con el asiento de la bici no son compatibles. La tela se desgasta.
Tampoco me advirtieron que debí dejar la bicicleta en el trabajo. Estuve horas haciendo como que nada había sucedido. Nadie se enteró del incidente y yo me olvidé. Me subí a la bicicleta para ir a la casa de Pololi, y con cada pedaleo sentía un GGG-GGG-GGGG. Mi pobre pantalón se desgarró cada vez más, hasta el absurdo. Parece exageración, pero era realmente absurdo, llegó hasta el bolsillo trasero. Como no quería perder la dignidad, tomé mi chaqueta y me la amarré a la cintura. Así cubrí todo lo que debía ser cubierto.
¿Humillante? Un poco.

Notas para un dandy: En la bicicleta, con pantalones elasticados.