No sé cuántos años tenía cuando me llamaron la atención las
uñas negras. No recuerdo el año, pero recuerdo todo lo demás.
Yo era muy niño y compartía pieza con mi hermano mayor. Mi
mamá nos obligaba a apagar la luz a las 10 de la noche en punto. Entonces yo
debía dormirme y mi hermano seguía viendo tele. Siempre veía el MTV y yo fingía
dormir para ver la tele. Lo que más me gustaba eran los comerciales de ese canal.
En especial uno: Un tipo de negro caminaba por el pasillo de una escuela, llevaba
unos audífonos puestos y de fondo sonaba
una música muy despacio. La gente se reía de él mientras pasaba. Hoy
dirían que era bullying, todo es bullying. Él llevaba la mano a su personal stereo ―Eran los
‘90, don't judge―, subía el volumen con una uña pintada de negro y sonreía. MTV.
Por supuesto pasaron años hasta que yo me pintara las uñas
por primera vez. Fue cuando cursaba 1°medio que me pinté una mano. Solo una,
porque sabía que a mis papás no les gustaría, así podía esconderla y después
sacarme la pintura con facilidad.
Los años pasaron y se volvió una costumbre. Cuando entré a
la universidad las usaba negras todos los días. Cada dos días me sacaba el
esmalte, me limaba y me las volvía a pintar. Las quería siempre perfectas. Hay
algo en las uñas negras que siempre me ha hecho sentir bien, como si sin eso, no me
estuviese mostrando 100% como soy.
Hoy, las uso cuando puedo. Tengo la impresión de que en el
trabajo no está permitido, pero no pregunté. Es una sensación.
El comercial de MTV nunca lo encontré de nuevo. Me gustaría
volver a verlo alguna vez. Supongo que sería decepcionante, como todo recuerdo
que se vuelve mejor tras añejarse en la memoria, pero no me puedo quitar la
curiosidad.
